23 agosto, 2012

Los Perlas (extended version)



El domingo pasado fue uno de esos domingos que invitaba a la reflexión, estuve todo el día sin salir de casa y como en Bábia, intentando encajar lo que podemos calificar de "zas en toda la boca"  y es que había estado bastante emocionada durante toda la semana preparando una noche de viernes que prometía ser, cuanto menos, interesante y resultó ser un verdadero fracaso. No se muy bien si por el hecho de haber puesto tantas expectativas en la velada (ya se sabe que cuando se espera mucho de algo o de alguien se tiende a idealizar y el idealismo acaba en decepción en una gran mayoría de situaciones puesto que, por bien que salgan las cosas, que no fue éste el caso, nunca será como en tu imaginación... Es como leer un libro y luego ver la peli). Como decía no se si fue por haber puesto todas mis expectativas en la velada o porque verdaderamente mi acompañante resultó ser un auténtico gilipollas de manual, no lo se, (y lo digo en serio, no es ironía, no se si el sujeto es así de gilipollas o fue la ley de Murphy) pero fue un fracaso.




Necesitaba desahogarme con personas ajenas a mi entorno familiar o de amistades habitual, ya sabéis, una opinión relativamente objetiva sobre qué podía haber pasado para que, habiendo salido yo perdiendo en todos los sentidos que queráis darle, en aquella velada;  no dando pie a que el sujeto pensara que yo podría querer ningún tipo de compromiso, solo pasar un fin de semana divertido (creo), habiendo sido de lo más generosa y hospitalaria (creo) y existiendo entre ambos cierta química (de nuevo, creo) me trataran de una forma tan maleducada, inmerecida e innecesaria... Ni un "adiós", "hasta la próxima", un "nos vemos", ni si quiera un "ya te llamaré" que siempre anuncia que no te volverán a llamar... Así que el lunes, salía yo de dar mi última clase del día hacia las nueve de la noche y me crucé en los vestuarios con unas amigas, amigas que lo son mucho pero con las que no tengo oportunidad de relacionarme muy a menudo por incompatibilidad de horarios, el trabajo, las oposiciones y esas cosas... Por eso, cada vez que nos juntamos arde Troya (Sabéis que Troya, Troia en italiano, significa puta? - así, a modo de apunte).


La cuestión es que como hacía tiempo que no nos veíamos nos pusimos a charlar sobre lo que habíamos hecho últimamente, a ver cuándo quedamos para ir a la playa, a ver cuándo hacemos otra cena, a ver si venís a casa esta semana, cuándo das otra clase por aquí, tengo dos bodas este año, joder tía qué putada... En fin, que sin querer nos adentramos en una conversación de esas típicas de vestuario femenino y acabamos hablando de sexo, y es que el porcentaje de probabilidad que existe de que una conversación termine hablando de sexo es muy alto. Y ya que salía el tema pues yo hice mi aportación relatando mi historia sobre mi cita del fin de semana anterior, sin dar nombres ni apellidos y así conseguir esa opinión de la que os hablaba antes.


Charlando sobre mi fracaso, una de estas amigas me recordó un concepto que yo ya había olvidado y creo que venía al pelo: "los perlas" y es que hacía tiempo que no me relacionaba con uno, íntimamente quiero decir.
No sabéis lo que son "los perlas"? Pues a parte de los jefes de una de las bandas latinas más peligrosas en las que sólo asciende el más violento, un grupo de rock callejero de finales de 2005 con un tal Luysete a la cabeza y un dúo folclórico de los 60 de los que se dice que han compuesto las mejores cuecas del mundo (cueca: baile de parejas sueltas tradicional del oeste de América del Sur); los perlas son... Pues casi lo mismo que las perlas, porque aparecen en cuanto se abre una chirla. 

Otra aportación interesante a esta definición sobre lo que es "un perla" es que se les llama perlas, a parte de por su sentido más irónico, porque brillan. Son aquellos que brillan cuando aparecen (te deslumbran diría yo) y brillan después, y más aún, por su ausencia. "Un perla" es "un figura", es "un tío grande". Y mezclando todas vuestras valiosas aportaciones y la mía propia, podemos decir que:
Un perla no liga, conquista y en la mayoría de los casos no quiere conquistar, pero lo hace; un perla no se enamora, se "queda pillao" y en la mayoría de los casos, se sienta a esperar a que se le pase. Un "perla" no te rechaza, pasa de ti; un perla no te llama, te da su teléfono nena... Aquí alguno pensará que es un error, que hay mucha loca suelta, pero es que al "perla" se la pela y es que "un perla" está muy por encima de todo, hasta de si mismo.

A "un perla" no se le critica, se habla de él, se comentan sus jugadas y algunos hombres incluso lo envidian. Yo no voy a ser quien rompa estas normas, pero si tengo que añadir una medida a tener en cuenta, según mi última experiencia con uno de estos especímenes, chicas: A los perlas hay que dejarles en la mesita el dinero para el taxi antes de que te descuides y te lo dejen ellos a ti por los servicios prestados, no se si me explico. 


Vamos, que al final, ni gilipollas, ni ley de Murphy, ni ocho cuartos, un perla, sólo eso.


Moraleja: Pon un perla en tu vida alguna vez y sal de ti misma, mírate, toma conciencia de hasta dónde puede llegar tu estupidez y usa la experiencia para aprender de ella :-)


P.D.: Alegría y olé!!!